Troyes: No desearás los dados de tu prójimo

Nos encontramos ante un eurogame de colocación de trabajadores y gestión de dados, en el que encarnaremos a una familia adinerada francesa de la provincia de Champange y más concretamente en la ciudad de Troyes. Esta vez no tendremos que construir una catedral o un castillo, sino que intentaremos obtener prestigio con nuestros trabajadores, enviándoles a los tres estamentos destacados que son: militar, religioso y civil. Ya de por si un tema apasionante que engancha a todos los jugadores (ironía nivel Sheldon Cooper).

El juego es un euro de manual: colocar trabajadores, pagar el coste correspondiente y obtener los beneficios. Para ello dispondremos de un ejército de meeples que deberemos ir contratando a medida que los necesitamos, obviamente a un precio. En este juego existen dos tipos de moneda: los deniers que servirán para realizar el pago y la influencia que es un marcador que nos servirá para pagar diferentes tipos de acciones. Tener el control de ambos y encontrar el equilibrio nos ayudará a continuar jugando de una manera fluida, sin estar asfixiado.

Pero vayamos por partes. El juego tiene cuatro motores esenciales: las cartas blancas o religiosas, las cartas rojas o militares y las cartas amarillas o civiles. Estas cartas se colocarán cerca de los edificios de cada poder y en esos edificios colocaremos a nuestros trabajadores. Estos edificios son vitales, ya que por cada trabajador que tengamos en los edificios al principio de cada turno nos darán un dado de ese color y los dados son las entradas a las cartas para colocar trabajadores. Porque las cartas, que irán apareciendo ronda a ronda, nos permitirán colocar un máximo de un trabajado de nuestro color, pero sólo los dos primeros trabajadores obtendrán puntos de victoria. Estamos en un euro, aquí se viene a conseguir puntos de victoria.

Imagen de ckirkman

Cuando se coloca un trabajador sobre una carta, este será recogido de nuestra reserva de meeples y en caso de disponer, se podrá agarrar cualquier meeple sobre el tablero dejando libre un trabajador. Eso es una pérdida de puntos, para evitarlo podemos contratar un trabajador de los meeples que no están en juego pagando en este caso puntos de influencia, es decir esa será la moneda para influir en los trabajadores externos y llevarlos a nuestra familia. Ahora que tenemos a nuestro trabajador habrá que pagar Deniers según nos indica la carta, esto se hace de forma única. Una vez que el trabajador está sobre la carta, se puede seguir utilizando sin tener que volver a pagar monedas por su uso.

Pagada la influencia, pagados los Deniers, colocado el trabajador nos queda un último paso y es utilizar hasta tres dados para obtener el beneficio. Exacto, los dados son la tercera moneda del juego y por eso es importante obtener los máximos posibles y la única forma es tener trabajadores en los edificios correspondientes y aquí viene el giro emocional de Troyes y es que, si tú no tienes los dados necesarios, siempre puedes comprarlos a tus compañeros de partida. Este sutil giro hace que no te estanques en tus acciones y al mismo tiempo limitas las acciones del resto de los jugadores y si giras un poco más el razonamiento, te permite robar (pagando) los mejores dados de otros jugadores para tu propio beneficio. Así que no importa mucho lo que haya salido en tus dados (pero asegúrate de tener suficientes y variados) pues siempre puedes comprarlos (si tienes dinero) al resto de jugadores.

No importa lo que haya salido en tu tirada de dados, porque los dados pueden mejorarse, gastando influencia, tanta como quieras y puedas pagar, podrás desde relanzar un dado propio (los que has comprado no se consideran propios) hasta darle completamente la vuelta, es decir, transformando un 1 en un 6. Por muy mal que te vaya en este juego, siempre tienes opciones para intentar salir a flote, pero hay que asegurarse de tener suficiente influencia y dinero para ello. Ser pobre y marginado socialmente no es una opción.

Imagen de Camdin

El turno del juego es muy sencillo, si queda alguna carta de edificio por revelar, se le da la vuelta para que esté disponible. Los jugadores ahora reciben 10 Deniers como ingresos fijos (las malas lenguas indican que esto es un fallo en la mecánica del juego) y al mismo tiempo deben pagar Deniers por cada trabajador en los edificios (¿¡¿ingresas de la banca para pagar a la banca?!?). Terminada la fase económica, cada jugador cogerá la cantidad de dados del color correspondiente a la cantidad de trabajadores que disponga en los edificios de ese color y los lanzará para obtener su valor que colocará en su distrito de la ciudad. Ese es el momento donde todos los jugadores comienzan a babear (y esa, niños, es una de las razones por las que hay que enfundar las cartas de los juegos de mesa) y hacer planes con los dados de los otros jugadores.

Ahora viene la parte más divertida y traumática del juego: la fase de eventos. Troyes es una ciudad amurallada y lo es por un motivo bien sencillo, vienen vecinos indeseables a horas poco decentes. Bárbaros y salvajes nos acosan en cada ronda con el único fin de debilitar nuestra labor diaria de enriquecernos a costa de nuestros trabajadores. Para ello, se colocará una carta de evento rojo sobre el tablero (habrá momentos que no quepan y deban colocarse fuera del tablero y eso es un claro indicador de lo egoísta que están jugando los jugadores) además, se descubrirá otra carta amarilla o blanca, dependiendo del color revelado en la carta roja, los bárbaros traen amigos.

Las cartas de evento nos debilitarán porque nos obligaran a gastar dados para defender la ciudad de los temibles y sangrientos dados negros: nos quitaran trabajadores de los edificios, nos harán pagar más Deniers, nos… vamos, todo aquello que pueda pensar tu mente para fastidiarte en el juego, los diseñadores ya lo han hecho antes.

Imagen de philsstein

Si hemos superado los eventos, por fin entramos en la fase de acción. Cada jugador podrá seleccionar de su distrito un grupo de uno a tres dados para realizar la acción que desee o comprar dados de otros jugadores, pagándoles la tasa de amistad para formar su grupo de dados. Creo que no he dicho que la tasa de amistad es exponencial, si compras un dado, te sale por el módico precio de dos Deniers, si compras para formar un grupo de dos dados a cada jugador que se lo compres, deberás pagarle cuatro Deniers y si formas un grupo de tres dados a cada jugador que se lo compres, te sangrarán con un pago de seis Deniers. Comprar dados no es complicado si puedes pagarlos. Hay jugadores que exponen de forma lasciva sus dados que no quieren sólo para tentarte y que los compres, la primera consumición es gratis.

Los dados los utilizaremos para colocar ciudadanos en los edificios expulsando a los que ya estaban, gastándolos para colocar cubos en la catedral, poniéndolos a trabajar en las cartas o combatiendo las cartas de eventos que aún queda en la zona de eventos, que nos reportaran influencia y puntos de victoria. Cada dado tiene un color, porque sólo puede utilizarse en una zona precisa, eso limitará las acciones y los hará mucho más atractivo para otros jugadores que no tengan ese color. Nunca dejes tus dados solos en el parque. Una vez que todos los jugadores deciden pasar o se agotan todos los dados del distrito, la ronda termina y si no se ha terminado el juego inicia una nueva ronda.

El objetivo del juego son los puntos de victoria (PV), que mantendremos siempre en secreto para evitar miradas indiscretas. Al final del juego, quien más puntos tenga es el ganador. Pero antes de llegar a ese punto existen un conteo que nada tiene que ver con lo que hemos almacenado y es que cada trabajador que se ha colocado en las cartas estará sobre una cantidad de PV que sumaremos. Si no hemos colocado un cubito en cada una de los niveles de la catedral, se nos restará dos PV. Sí, con la iglesia hemos topado, ahí hay seis puntos negativos para el más ateo. Por cada cubito que tengamos en una carta de evento, obtendremos otro PV. De esta forma existe una puntuación oculta a plena vista, que nos permitirá rascar un poco más.

Imagen de Ceryon

La gracia viene cuando damos la vuelta a nuestro personaje. No lo he explicado, pero al principio del juego cada jugado recibe dos personajes y de esos dos, debe escoger uno y mantenerlo en secreto durante toda la partida. Ese personaje, otorgará una puntuación extra a cualquier jugador que cumpla sus requisitos, con la ventaja de que como tú ya conoces a tu personaje, irás a cumplir los requisitos, mientras que el resto de los jugadores no podrán. Pero al mismo tiempo, el resto de los jugadores tienen sus propios personajes, por lo que seguramente cumplirán los suyos sin que tú puedas hacer nada, aunque si eres un poco avispado, puedes intentar encontrar las pautas en las acciones de los otros jugadores para adivinar que personaje están ocultando, porque una vez que se revelan los personajes, todos los jugadores puntúan si cumplen los requisitos. Es importante intentar averiguar a que están jugando los otros jugadores, porque a nadie le gusta perder por un punto.

El juego, en su edición de Asmodee, incorpora un BOT que es un auténtico reto. Aunque no es tan divertido como robar los dados a jugadores reales con cara de «perdona, es que es lo único que puedo hacer» mientras que por dentro estás llorando de risa, el BOT consigue igualmente extraer el jugo del juego, pero no deja de ser una prueba de autosuperación. Divertido sí, pero le quita toda la salsa al juego.

La expansión «Las Damas de Troyes» incorpora tres nuevos personajes ocultos. Un dado propio púrpura que nadie te podrá comprar (deja de llorar, ese dado no te lo pueden robar NUNCA) y estará siempre a tu disposición, nuevas cartas de eventos y de edificios para tener más variedad (no las suficientes, más cartas hubiese sido un buen regalo) y minitableros nuevos para una expansión que permite jugar con las murallas de Troyes de una forma magistral y que nos reportará una nueva experiencia (innecesaria) de juego. Esta expansión, debería venir incluida en el juego base, la mecánica de Troyes ya es perfecta (quitando los ingresos iniciales que siguen chirriando y lo harán para el resto de su vida) sólo se salva por aportar más cartas de oficios, eventos y una casi paridad de personajes. A la pregunta de si debes comprarlo teniendo el juego base, deberás tu hacer el ejercicio de si te sentirás más satisfecho teniendo un juego perfecto o un juego completo. Para mí, la elección es clara.

Imagen de EndersGame

Mención aparte merece el arte de este juego. Con una magnífica mecánica de juego el arte acompaña a la perfección en el escenario del juego. Tanto tablero como cartas lo hacen en una delicia que te transportan a la epoca del año mil doscientos. El problema son alguno de los iconos para explicar las cartas de oficio, que muchas veces resultan poco reconocibles su funcionalidad y debes tirar de carta de referencia. En su versión expañola, Asmodee ha hecho un buen trabajo de traducción en lo que es un juego sin necesidad de texto en las cartas, salvo en los oficios, que en vez de traducirlos de su versión original, les ha puesto un subtítulo amado y odiado por diferentes grupos de jugadores.

Advertencia: ya he explicado que es un eurogame, pero es un juego peligroso. Ten cuidado con quien lo juegas porque en la sensibilidad de algunos jugadores no entra eso de ser el blanco de tus maldades (comprando dados y expulsando trabajadores) y recuerda el viejo proverbio Klingon: «BortaS bIr jablu’DI’reH QaQqu’ nay«.

 

Troyes

Autor: Sébastien Dujardin, Xavier Georges y Alain Orban

Arte: Alexandre Roche

Editorial: PearlGames y Asmodee.

Las damas de Troyes

Autor: Sébastien Dujardin, Xavier Georges y Alain Orban

Arte: Alexandre Roche

Editorial: PearlGames y Asmodee.

Bonus Cards

Autor: Sébastien Dujardin, Xavier Georges y Alain Orban

Arte: Alexandre Roche

 

 

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